El presidente Calderón llega a la segunda mitad de su sexenio en un contexto de crisis económica y debilidad institucional, sin entender hacia dónde puede llevar sus próximos tres años y con una serie de anuncios, decálogos y eventos, sin mucho trasfondo. Es cierto que el encono entre el ejecutivo y el legislativo y la renovada fortaleza del PRI, dificultan cualquier acuerdo entre el Presidente y los demás actores políticos. Sin embargo, también es cierto que recientemente se llevó a cabo una operación política casi impecable para desarticular una empresa altamente ineficiente como lo era Luz y Fuerza del Centro, y que, como esta acción hay muchas otras que están esperando tan solo un poco de voluntad.
El que la popularidad de Calderón se viera afectada por el alza en los impuestos y no porque le pegó a un poder fáctico, como lo es el SME, es también evidencia de que el presidente tiene más “cancha” para actuar de la que se imagina. Además, su popularidad, considerando que es el tercer año de gobierno, no es baja (supera la de su antecesor en el mismo momento de su administración).
Existen opciones reales, sobre todo si se enfocan en aquellos cambios que sí están en manos del Ejecutivo. La pregunta hacia 2012 es si usarán esas lecciones para tomar acciones de alto impacto dentro de su competencia, o si continuarán diluyendo responsabilidades con un Congreso que tiene poco interés en mover al país hacia adelante en los próximos tres años.
Perdiendo la compostura.
Con la decisión de regresar a la Delegación Iztapalapa, “Juanito” consiguió una vez más que el movimiento de López Obrador y sus aliados en el PRD y PT perdieran la compostura: además de descalificarlo como "ladrón" y "loco", se preparan para cometer un atropello apenas comparable al que llevaron a cabo cuando lo designaron como candidato señuelo de Clara Brugada.
En sentido estricto, Juanito no está ni mejor ni peor calificado que el promedio de los presidentes municipales mexicanos, se mida en términos de educación o de experiencia –y eso sin tomar en cuenta que un delegado tiene menos facultades legales que un presidente municipal. Sin embargo, Iztapalapa es un caso especial por su población, presupuesto, rentas ilegales de la demarcación y plazas que se pueden repartir.
No debe pues sorprender a nadie que varios aventureros del PAN y del PRI estén ya moviendo las aguas en Iztapalapa. Y entretanto, Marcelo Ebrard deshoja una margarita que puede terminar destruyendo a su futuro rival, pero que también, le podría quitar el apoyo de las redes que necesita en Iztapalapa.
Campaña de afiliación: mismas soluciones a nuevos problemas.
Este 6 de diciembre termina la campaña de afiliación del PAN. Su meta: aumentar los adherentes de un millón a un millón trescientos mil. En números absolutos no es una cantidad difícil de conseguir, sin embargo, en términos relativos y considerando que el PAN no es un partido de masas, es significativo por ser casi una tercera parte de los adherentes actuales. Los nuevos adherentes no decidirán la reelección de Nava pero si pueden ser actores clave en escoger al candidato a la presidencia.
Otro de los objetivos para el PAN y para Cesar Nava es mediático. Hasta ahora hemos visto a un Nava que ha tenido momentos erráticos en medios, además de no haber construido aún un liderazgo fuerte. A esto se suma la dificultad de proyectar una imagen cuando se tienen tres roles simultáneamente (asociación con el equipo cercano de Calderón, diputado y presidente del PAN).
A pesar de que la campaña es una buena idea, el contexto es adverso. Al desencanto de la sociedad con los partidos políticos se le suma el haber perdido las intermedias y el tener muy complicado el camino al 2012. Este escenario es nuevo para un PAN que ya no tienes recursos como “cambio” y “quitarle el freno al cambio”. Podrán lograr su meta de afiliación pero el entusiasmo va a contracorriente.
En el año 2000 el PAN llegó a la presidencia sin ser un partido de masas pero con la fuerza de la posible “alternancia” y el fenómeno de la candidatura de Vicente Fox. Hoy, a nueve años, el PAN no tiene una figura fuerte rumbo al 2012 y tampoco un partido capaz de crecer, incluir y transformar la política local. Por más exitosa que sea su campaña los retos están en otra parte. Por ahora todo parece indicar que le tomará al PAN más de una derrota para encontrar formas adecuadas de resolver nuevos problemas.

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